Se acabaron las vacaciones de este año raro, raro, raro entre ERES e incertidumbres laborales. Se acabó lo que se daba y vuelta a la cruda realidad.
Lo bueno se terminó el domingo, después de un periplo de diez días por Francia, en los que hemos hecho km a montones (2800), nos hemos paseado por el granero de Francia (trigo, girasoles y maiz, extensiones interminables) visitando pueblos varios, unas cuantas catedrales, y otros tantos castillo por el Loira (y nos dejamos muuuuuchos más sin ver, los hay a montones!), para terminar en plan más relajado por la costa, poniéndonos tibios a ostras y mejillones.
Han sido diez días inolvidables, en los que he desconectado absolutamente del mundo, he descansado la cabeza, y que además de dejarme un montón de recuerdos, me han servido para reafirmarme más aún si cabe en cosas que ya previamente tenía claras.
Tengo un carro de fotos, y algunas pararán por aquí en cuanto me ponga un rato a ello y decida cuales van a ser. A ver si consigo hacer un resúmen medio decente de cada sitio, para dejarlo de souvenir.
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