domingo, 14 de febrero de 2010

DEDICATED TO YOU

Hace tiempo que no dejo nada por aquí, porque mi bichito me absorver para cualquier otra actividad que no sea holgazanear o dormitar. Pero hoy me he levantado temprano, y como todos los días, he puesto la radio (Radio Euskadi, es la que habitualmente oigo), y me he encontrado que en la tertulia hablaban sobre el día de hoy (San Valentín, me acuerdo de qué día es porque es el cumpleaños de mi madre, no por otras connotaciones, que considero hacen del día "el día de Santa Floristera o San Corte Inglés, y se preguntaban si es posible el amor para toda la vida. Y al oirlo, me ha dado por darle a la tecla.

Para mi la respuesta es clara: ES POSIBLE, y no creo pecar de romanticismo al afirmarlo. Y también creo que no es fácil conseguirlo, si bien probablemente complicamos nosotros las cosas más de lo que en realidad son.

No sé cual es el secreto de que una pareja funcione toda la vida, cuando otras muchas y muchas se rompen al de X tiempo, pero hay veces en las que me da la impresión de que cuando la gente habla de amor y niega que pueda durar toda la vida, se refiere a la pasión inicial, al encongimiento de estómago cuando uno se encuentra frente al otro, a la emoción continuada y al pensamiento único que tiene como objeto a la otra persona. Eso es cierto, no dura toda la vida, y probablemente, comparado con el resto de la vida, tiene una trayectoria más o menos corta. Pero creo que limitar el amor a eso es absolutamente equivocado. Y ciertamente, si esa fuera la concepción del mismo, habría que negar que pueda durar para siempre. Pero entiendo el amor con mayúscula como muchísimo más que eso: como una evolución continuada de esa pasión incicial, de ese momento primero en el que desde mi punto de vista es imposible afirmar que se quiera al otro, a otras fases en las que uno va tomando conciencia de que, sí, esa era la persona que uno buscaba, con virtudes y defectos, de saber que es él o ella el compañero de viaje deseado, y de tener pleno convencimiento de que se quiere terminar el viaje junto a esa persona. De no perder de vista el que si bien habrá cosas de la otra persona que quisieramos fueran de otra manera, también la otra parte acepta cosas de uno que no agradan. En que se basa principalmente en tener un proyecto común, en querer ir al mismo sitio aunque los caminos para llegar puedan ser distintos (pero conciliables), en un respeto mutuo hacia la diferencia, que es a la vez complemento, y en no considerar a la otra persona como propiedad de uno mismo, en otorgar parcelas de libertad y en establecer prioridades, en saber convivir primero uno con uno mismo y en no temer a la soledad, antes de introducir a alguien en la vida para tapar carencias afectivas o soledades mal llevadas porque "es lo mejor que me he encontrado". No basta que sea el mejor, debe ser lo que uno buscaba, aunque quizá en ocasiones, no sea el mejor ("No es perfecta, más se acerca a lo que yo, simplemente soñé" (P. Milanes, "El breve espacio en que no está"). Pero que sea lo que uno quería, no lo que ha "tocado". Cuando uno quiere a alguien no significa circunscribir la vida unica y exclusivamente a esa persona, pero pasa a ser la prioritaria. Es una "pérdida de libertada" relativa: en todo caso, deseada, asumida y compensada. Si deja de ser compensada, no merece la pena. Tampoco significa perder la vista y dejar de encontrar atractivos a otros u otras, pero conlleva siempre empatía: no hacer nada que uno positivamente sabe que va a herir al otro, y que no quisieramos que nos hagan.

Y así siento yo el amor. No me hacen falta San Valentines ni rosas. Y espero conservarlo siempre. Porque te quiero más cada día.

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